El Dedo

Un relato sobre la tendencia de algunas personas a no ser capaces de disfrutar de lo bueno que se les ofrece y querer algo más, con el consiguiente desasosiego por no tener ese “algo más” que desean.

midas

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.

-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.

-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.

 

Feng Meng-lung

El tigre que balaba

Este cuento tradicional indio tiene varias interpretaciones. Por una parte podemos pensar que la educación de cada persona es la que define su forma de ser y sentir, anulando por completo lo que se presuponía que era parte de su naturaleza. Por otra parte, esta misma educación nos anula nuestro espíritu genuino, haciendo de nosotros algo quizás peor, más temerosos, más aletargados. 

Disfrutad de esta bonita historia:

imagen 1

  Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño.

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.

  Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:

  –Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?

  Pero el tigre-oveja baló asustado.

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.

Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.

  –Pruébala -le ordenó el tigre.

  Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.

 

El sabio faquir

 

El cuento que aquí presentamos nos muestra cómo los atajos y las malas maneras nunca nos llevarán a un buen objetivo. Los niños deben ser educados en el esfuerzo y la sinceridad. 

faquir

faquir

El sabio y honorable faquir Farid, que presidía una orden de monjes mahometanos, peregrinaba por Arabia atravesando arenosos desiertos y verdes oasis. 

Cierto día llegó a una ciudad y se encontró con un hombre que llevaba bolsas de azúcar en un carro.

— ¿Qué llevas ahí? — le preguntó el faquir.

El otro estaba muy malhumorado y le contestó burlonamente:

—¿Y qué piensas que llevo? ¡Cenizas, nada más que cenizas!

—Bien, que sean cenizas —dijo el religioso. Cuando el hombre llegó con su carro a la feria para vender el azúcar y abrió las bolsas, ¡oh, sorpresa!, realmente contenía cenizas. Rápidamente corrió y alcanzó al faquir; se arrojó a sus pies y rogó:

— ¡Ten compasión de mí! Reconozco que he merecido tu castigo; pero si no me perdonas, seré un mendigo. ¡Oh, por favor, vuelve a transformar la ceniza en azúcar!

—Bien, levántate —dijo el faquir—. Que se cumpla tu deseo; pero cuídate en el futuro de contestar mal a alguien que te pregunta amablemente.

El hombre lo prometió y luego pensó: “¡Qué lindo sería poseer esos poderes mágicos ! ¡Uno podría volverse inmensamente rico!”

Este pensamiento no lo abandonó hasta que, por fin, siguió un día secretamente al faquir, que sabía muy bien quién iba detrás de sus huellas, pero continuó caminando sin darse vuelta. Sucedió que ambos pasaron junto a un montón de ladrillos.

—Alá, concédeme tu gracia —pidió en baja el faquir—. Haz que estos ladrillos sean por corto tiempo, lingotes de oro.

Alá, que estimaba mucho al religioso concedió el deseo. Apenas el hombre divisó las relucientes barras escondió rápidamente dos en su bolsa y siguió caminando detrás del faquir. Al rato éste se dio vuelta y le preguntó:

—¿Qué piensas hacer con esos dos ladrillos ? ¿Es que acaso los venderás para volverte inmensamente rico?

Asombrado, el hombre sacó los ladrillos de su bolsa. No pudo dar crédito a sus ojos. Por más que los daba vuelta, seguían siendo ladrillos de arcilla.

—¿Quieres ser faquir como yo? —preguntó el sabio—. Déjame decirte que un hombre de Dios no debe robar ni mentir.

El vendedor de azúcar, totalmente avergonzado, emprendió el regreso.

La Sospecha

15487__81_a_1Una historia para entender que a veces vemos lo que queremos ver sin usar un buen criterio para juzgar.

Un hombre perdió su hacha y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho: exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven: como la de un ladrón. Observó también su forma de hablar: igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable del hurto.

Pero más tarde encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho parecían muy diferentes de los de un ladrón.

                                                                                Cuento popular chino

Mi hijo tarda mucho en comer

Aquí os dejamos el nuevo vídeo sobre niños y niñas que tardan mucho en comer. Os presentamos una sencilla técnica que consiste en poner un límite de tiempo al niño, con independencia de lo que haya comido.

En breve colgaremos el cuento que podéis contar a vuestros niños, que incluirá esta técnica.

¡Un beso enorme!

Sigue a Jonatan en su Facebook: Jonatan Bernet

Autor: Jesús Escudero Cuadrado Fuente: Banco de Imágenes

Autor: Jesús Escudero Cuadrado
Fuente: Banco de Imágenes